Camino de Invierno: siguiendo el curso de los ríos

Panorámica de un meandro del río Miño en el Camino de Invierno

Los Caminos atraviesan paisajes muy diferentes: montañas, valles, llanuras. El Camino de Invierno sigue el curso d e los ríos. Desde Ponferrada, en León, la ruta se aleja del trazado principal del Camino Francés para adentrarse en los valles del Sil y del Miño, atravesando algunas de las comarcas más tranquilas y menos transitadas del noroeste peninsular.

Es el único Camino de Santiago que pasa por las cuatro provincias gallegas por lo que muchos lo consideran como el más gallego de los caminos jacobeos.

Durante siglos fue utilizado como alternativa a las duras nieves de O Cebreiro durante los meses más fríos. Hoy sigue siendo una opción mucho menos concurrida que otros Caminos de Santiago, ideal para quienes buscan caminar con calma, disfrutar del paisaje y recorrer lugares donde el turismo jacobeo todavía tiene una presencia discreta.

Un camino entre viñedos, ríos y montañas

El Camino de Invierno atraviesa territorios muy distintos a los que suelen asociarse con el Camino Francés. Buena parte de la ruta discurre junto al río Sil, entre montes cubiertas de bosques y laderas donde la viticultura ha modelado el paisaje durante generaciones.

Pronto el Camino se interna en la comarca de Las Médulas, en Léon, donde se pueden contemplar los restos de la que fue la mayor mina de oro a cielo abierto del Imprerio Romano. Una zona que, por desgracia, fue terriblemente afectada por los incendios en el verano de 2025.

Otro de los tramos más espectaculares es la Ribeira Sacra, donde los viñedos descienden hacia los cañones del Sil y del Miño formando un paisaje singular. Miradores, monasterios y pequeños pueblos de piedra acompañan al peregrino durante varias jornadas.

Aunque existen etapas exigentes, por su longitud o por su desnivel, el recorrido resulta generalmente amable y ofrece una sensación de tranquilidad difícil de encontrar en otras rutas más populares.

Restos de mina de oro de Las Médulas, León

Las etapas del Camino de Invierno

Recorrí el Camino de Invierno en marzo de 2026. Fueron un total de 265 km aproximadamente, a lo largo de 12 días.

Lógicamente, el recorrido se puede hace en más o menos etapas, en función de la forma física o el tiempo disponible. En cualquier caso, estas son las etapas que yo hice:

  • Etapa 1. Ponferrada – Villavieja. 16 km.

  • Etapa 2. Villavieja – Puente Domingo Flórez. 20 km.

  • Etapa 3. Puente Domingo Flórez – A Rúa de Valdeorras. 32 km.

  • Etapa 4. A Rúa de Valdeorras – Quiroga. 28 km.

  • Etapa 5. Quiroga – A Pobra do Brollón. 23 km.

  • Etapa 6. A Pobra do Brollón – Monforte de Lemos. 12,5 km.

  • Etapa 7. Monforte de Lemos – Diomondi. 22 km.

  • Etapa 8. Diomondi – Rodeiro. 35 km.

  • Etapa 9. Rodeiro – A Laxe. 28 km.

  • Etapa 10. A Laxe – Silleda. 9,5 km.

  • Etapa 11. Silleda – Ponte Ulla. 20 km.

  • Etapa 12. Ponte Ulla – Santiago de Compostela. 21 km.

Mojón del Camino de Invierno bajo un árbol en flor

El placer de caminar sin multitudes

Una de las características que más me llamó la atención del Camino de Invierno fue la escasa afluencia de peregrinos. No encontré prácticamente a ninguno durante el transcurso de las etapas y apenas éramos un puñado los que coincidíamos en los albergues. Fueron días en los que el silencio volvía a formar parte del camino.

Lejos de resultar una desventaja, esa tranquilidad se convierte en uno de sus mayores atractivos. Permite caminar a otro ritmo, prestar más atención al paisaje y disfrutar de una experiencia que a veces recuerda a los Caminos de Santiago de hace algunas décadas.

Los pueblos son pequeños, los servicios más limitados en algunas etapas y la sensación de estar recorriendo una ruta todavía poco conocida está presente durante buena parte del recorrido.

Poco después de Lalín, en A Laxe, el Camino de Invierno se une a la Vía de la Plata y la afluencia de peregrinos aumenta notablemente. Las sensaciones son diferentes desde ese momento pero es algo habitual en todos los Caminos, conforme cuanto más cerca se está de Santiago.

Sombra de un peregrino en una carretera, en el Camino de Invierno

Paso a paso hacia Santiago de Compostela.

Físicamente no es un Camino tan duro como el Primitivo. Es más corto y los desniveles no son tan exigentes. En mi caso, lo superé sin acabar los días tan agotado como en el Primitivo. Además el tiempo acompañó y apenas llovió durante las doce etapas.

Por otro lado, como sucede en cualquier Camino, los días en Camino de Invierno terminan encontrando su propio ritmo. Preparar la mochila, comenzar a caminar por la mañana, detenerse a descansar, atravesar pueblos, encontrar un lugar donde pasar la noche y seguir avanzando al día siguiente.

Con el paso de los kilómetros dejan de importar tanto las distancias o los horarios. El día a día se simplifica y se reduce a una sucesión de pasos, paisajes, poblaciones que van quedando atrás y pequeños momentos cotidianos que terminan formando parte del recuerdo.

Quizá sea precisamente esa repetición sencilla y cómoda la que hace que muchos peregrinos regresemos una y otra vez.

El pueblo de Belesar, en la orilla del río Miño

La llegada a Santiago

Tras varios días siguiendo el curso de los ríos y atravesando comarcas rurales, la llegada a Santiago conserva algo de especial, incluso para quienes ya han completado otros Caminos.

Los últimos kilómetros son más bonitos y tranquilos que cuando se entra en la ciudad por el Camino Francés, la variante más conocida pero, al final, las calles se llenan igualmente poco a poco de peregrinos procedentes de distintas rutas. El ruido aumenta, aparecen las primeras referencias conocidas y finalmente la Catedral vuelve a surgir al final del recorrido.

Como ocurre siempre, el viaje termina donde termina el camino, pero también deja la sensación de que una parte de él continúa durante bastante tiempo después del regreso a casa.

Un Camino para volver

El Camino de Invierno no posee la fama del Francés ni la dureza del Primitivo. Tampoco atraviesa las grandes montañas del Salvador. Su personalidad es diferente.

Es un camino de ríos, viñedos, bosques y pequeñas poblaciones. Un recorrido más tranquilo, con paisajes muy variados y con una autenticidad que todavía conserva buena parte de las rutas menos transitadas.

El Camino de Invierno es ideal para quienes buscan caminar sin prisas y descubrir una alternativa diferente hacia Santiago. Diferente pero, al igual que las otras, será una caminata difícil de olvidar.

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Sin prisas.

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