Los beneficios de caminar por el bosque

Beneficios de caminar en el bosque. Imagen de un sendero un bosque de árboles altos.

Muchas personas experimentan una sensación de calma al caminar por un bosque. A menudo basta con adentrarse un poco en cualquier sendero entre árboles y caminar durante un rato y enseguida empezamos a notar que algo cambia.

La sensación no es solo subjetiva. En las últimas décadas, diversos estudios han analizado cómo los entornos naturales influyen en nuestra salud física y mental. Los resultados apuntan en una dirección bastante clara: pasar tiempo en la naturaleza, y especialmente en los bosques, puede ayudarnos a reducir el estrés, mejorar el estado de ánimo y favorecer una sensación general de bienestar.

Quizás no sea casualidad. Durante la mayor parte de nuestra historia como especie hemos vivido rodeados de paisajes naturales. Las ciudades, las carreteras, las pantallas, la velocidad y el ruido constante son una realidad muy reciente en comparación.

El bosque reduce el estrés

Una de las conclusiones más repetidas en las investigaciones sobre naturaleza y salud es la reducción del estrés.

La vida cotidiana exige mantener la atención ocupada durante horas. El trabajo, el tráfico, las notificaciones, las tareas pendientes, la información constante. Incluso en los momentos de descanso seguimos expuestos a una gran cantidad de estímulos que nos saturan y nos agotan.

Un bosque de abedules entre la niebla.

El bosque ofrece algo diferente. Los sonidos son más suaves, el ritmo es más lento y la atención deja de estar sometida a tantas demandas. El simple hecho de caminar entre árboles parece favorecer una disminución de la tensión mental acumulada.

No es extraño que muchas personas describan una sensación de alivio casi inmediata al abandonar una carretera y entrar en un sendero forestal.

Una forma distinta de prestar atención

Cuando caminamos por una ciudad, nuestra atención suele estar dirigida hacia objetivos concretos: cruzar calles, orientarnos, esquivar obstáculos o llegar puntual a una cita.

En el bosque es diferente. La atención sigue activa, pero de forma más relajada. Observamos la luz filtrándose entre las ramas, escuchamos el viento moviendo las hojas o seguimos el recorrido de un arroyo. Son estímulos que captan nuestro interés sin exigir un esfuerzo constante.

Helechos junto al camino

Por eso, después de pasar unas horas caminando por un entorno natural, muchas personas sienten la mente más despejada o descansada.

En mi caso, hay algo curioso que he observado después de muchos kilómetros caminados, tanto por la montaña como en el Camino de Santiago. A menudo recuerdo más los tramos de bosque que los grandes paisajes abiertos. No siempre ofrecen las mejores vistas ni los lugares más espectaculares, pero suelen ser los espacios donde camino con más calma y donde más fácil me resulta desconectar del ruido cotidiano.

Los baños de bosque

En Japón existe una práctica conocida como shinrin-yoku, que suele traducirse como «baño de bosque».

El término apareció en los años ochenta para describir una actividad muy sencilla: pasar tiempo en entornos forestales de manera consciente, prestando atención a los sonidos, los aromas y las sensaciones del entorno.

Sendero que se pierde entre los árboles

A diferencia de una excursión deportiva o una ruta de montaña exigente, el objetivo no es recorrer una determinada distancia ni alcanzar una meta concreta. Lo importante es la experiencia de estar allí.

Aunque pueda parecer algo exótico, propio de una cultura tan particular como la japonesa, la idea resulta bastante familiar. Muchas personas practican algo parecido sin saberlo cuando salen a caminar tranquilamente por un bosque y se dejan llevar por el entorno.

Caminar más despacio

Los bosques también invitan a reducir la velocidad. El propio entorno parece favorecer otro ritmo. Hay menos prisa, menos sensación de urgencia y menos distracciones.

En un bosque resulta más fácil olvidarse de la aceleración de la vida diaria.  Al reducir la velocidad de nuestros pasos parece que nuestra mente también ralentiza su ritmo frenético al que estamos acostumbrados.

Tronco caído en un bosque

Cuando la ruta atraviesa un bosque agradable el camino parece perder importancia como medio para alcanzar un destino y se convierte en una experiencia en sí misma. Es frecuente detenerse unos minutos para observar un rincón, escuchar un pájaro o simplemente contemplar el paisaje. Todas esas cosas invitan a prestar atención a lo que ocurre aquí y ahora

Tal vez, no sean grandes acontecimientos. Sin embargo, forman parte de esa sensación de bienestar que muchas personas asocian con los paseos por la naturaleza.

No hace falta hacer nada especial

Otra gran ventaja que tiene caminar por un bosque es que no es necesario aprender ninguna técnica. No hace falta meditar, ni realizar ejercicios específicos, ni seguir un ritual determinado. Tampoco es necesario tener una gran condición física y no importa la edad que tengas.

Un paseo tranquilo por un bosque cercano puede ofrecer buena parte de los beneficios asociados a los llamados baños de bosque. Basta con caminar sin demasiada prisa, guardar el teléfono durante un rato y permitir que la atención descanse en lo que va sucediendo a tu alrededor.

Observar un árbol cubierto de musgo. Escuchar el sonido de un arroyo. Sentarse unos minutos en un banco. Respirar  y sentir el aire frescoSon cosas sencillas pero precisamente ahí reside, en gran parte, su valor.

Una invitación a volver

Caminar por el bosque no resuelve los problemas ni transforma la vida de un día para otro. Sin embargo, puede ayudarnos a recuperar algo que a menudo escasea en la vida cotidiana: tiempo, silencio y atención.

Después de unas horas entre árboles, muchas personas regresamos a casa sintiéndonos un poco mejor.

Y quizás no haga falta buscar una explicación complicada.

A veces basta simplemente con salir a caminar y experimentarlo.

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