Primera jornada del Camino Primitivo. Un recorrido de algo más de 22 kilómetros que sirve como toma de contacto con lo que vendrá después: desniveles constantes, cambios de tiempo, tramos rurales y la sensación de estar realmente saliendo de casa para empezar algo importante.
El Primitivo arranca oficialmente en Oviedo y es, según la tradición, la ruta que siguió el rey Alfonso II en el siglo IX para visitar el sepulcro del apóstol en Compostela. Hoy sigue siendo un camino exigente y relativamente solitario, especialmente fuera de temporada.
Yo lo comienzo el 4 de marzo de 2024, partiendo desde mi propia casa.

Ficha rápida de la etapa

- Distancia: 22 km
- Tiempo empleado: unas 7 h 45 min (incluyendo paradas)
- Terreno: asfalto, pistas rurales y senderos
- Dificultad: media (exigente para ser el primer día)
- Punto a tener en cuenta: varios tramos de carretera sin arcén
De Oviedo a Escamplero: dejar atrás la ciudad
Decido no salir desde la catedral de San Salvador, como hacen la mayoría de peregrinos, sino desde el barrio en el que vivo, a las afueras de Oviedo. El trazado del Camino pasa a dos minutos de mi portal. Empezar desde mi propio umbral me parece más coherente que desplazarme al centro para volver a atravesar calles que ya conozco de memoria.
En pocos minutos dejo atrás el entorno urbano. Esa es una de las ventajas de vivir en la periferia: pronto el asfalto da paso a prados verdes y el bullicio se disuelve.
El día es gris y fresco. Típico de comienzos de marzo en Asturias.
Los primeros kilómetros alternan carretera y pistas deterioradas. No tardan en aparecer las primeras subidas, aviso claro de que el Primitivo no concede treguas. A la izquierda, la sierra del Aramo aparece nevada. Son vistas habituales para mí, pero no por ello menos impresionantes.

En Llampaxuga comienza a llover y tengo que estrenar la funda impermeable de la mochila apenas una hora después de empezar. El Camino me enseña pronto que la meteorología va a ser un factor importante en el viaje.
Cruzo el puente medieval de Gallegos sobre el río Nora bajo una lluvia intensa y poco después me refugio en un lavadero para comer algo. Allí escucho por primera vez el saludo que se repetirá durante dos semanas: “Buen camino”.
De Escamplero a Paladín: ritmo y primer encuentro
Durante un buen tramo, la ruta se adentra en la naturaleza. Poco antes de llegar a Escamplero me alcanza el primer peregrino que veo ese día: Jaime, de Barcelona. Ha volado esa misma mañana hasta Oviedo y ya me ha dado alcance. Charlamos unos minutos y continúa. Me hace preguntarme si me estoy entreteniendo demasiado haciendo fotos y grabando vídeos, aunque pronto entenderé que en el Camino cada uno lleva su propio ritmo.

El recorrido alterna asfalto y pista entre pequeños núcleos rurales como Tamargo o Ania. Hay ermitas, prados, hórreos, algún perro que decide acompañarte ladrando durante unos metros y desvíos opcionales que, en el primer día, uno todavía tiene energía para explorar.
Uno de esos desvíos me lleva hasta el viejo molino de Ania. La bajada es empinada y luego hay que remontarla. Empiezo a notar el cansancio acumulado. Son más de cuatro horas caminando.
A medida que avance el viaje, aprenderé a medir mejor esos impulsos que me llevan a explorar fuera del Camino.
Al llegar a Paladín, con el día ya despejado, me siento unos minutos en la hierba junto a un riachuelo. El sol no calienta demasiado, pero el silencio resulta reconfortante.
De Paladín a Grado: el Nalón y la llegada
El tramo final conduce hasta el río Nalón, que baja con fuerza tras las lluvias de días anteriores. El Camino discurre un tramo junto a sus aguas. Después, la Pasarela de las Xanas permite salvar uno de los arroyos que descienden hasta el río.

De nuevo caminando sobre asfalto, en Peñaflor cruzo el Nalón por un puente de origen medieval. El tramo hasta el centro del pueblo es algo incómodo, con tráfico y sin arcén. Es uno de los puntos menos agradables del día.
Por despiste, me salto una flecha amarilla y tomo la dirección equivocada. Una pareja mayor me avisa desde la puerta de su casa. A pesar de que el Primitivo está bien señalizado, conviene no caminar en piloto automático.
Los últimos tres kilómetros hasta Grado son cómodos. Entro en la localidad sobre las 17:20 h.
El albergue de Grado: espíritu peregrino
El albergue público está situado a la entrada del pueblo. Es una casa de piedra de dos plantas gestionada por una fraternidad de peregrinos. No tiene precio fijo: cada uno deja el donativo que considera oportuno. El desayuno está incluido.
Para mi sorpresa, se encuentra allí un equipo de la televisión asturiana, cubriendo el comienzo de la temporada de peregrinación a Santiago. Soy uno de los primeros peregrinos y me hacen algunas preguntas.

Más tarde, en el albergue el ambiente es cercano y auténtico. Los hospitaleros —Emilio y Paco— transmiten esa mezcla de hospitalidad y tradición que forma parte del Camino. Me regalan un pequeño pin con forma de flecha amarilla y un trozo de azabache, piedra que históricamente se ha asociado con la protección del peregrino.
Esa noche también llega Darío, un joven brasileño que descubre en su primera jornada que en este Camino no hay sábanas y mantas en todos los albergues. Primer aprendizaje práctico: no todos los Caminos funcionan igual.
Después de cenar en un bar cercano —donde el camarero me reconoce por mi breve aparición televisiva en el albergue— me meto en el saco. En el dormitorio solo estamos dos peregrinos. Los calefactores están encendidos y no se escucha ningún ruido. Toca descansar.
Termina así el primer día de mi primer Camino de Santiago. Un día inolvidable.
Lo que deja esta primera etapa
La etapa Oviedo – Grado no es especialmente dura en cifras, pero sirve para hacerse una idea de lo que está por venir: subidas y bajadas constantes, meteorología cambiante y alternancia entre pistas, senderos y asfalto.
Es un buena toma de contacto que te obliga a regular desde el principio.
Y sobre todo, sirve para asumir algo esencial: el Camino empieza de verdad cuando uno cruza la puerta de su casa y decide caminar.
➜ Sigue el Camino: Etapa 2 del Camino Primitivo. Grado – Salas.
Puedes ver todas las etapas aquí.
Si quieres leer la crónica completa
En la newsletter comparto la versión más detallada de esta etapa: momentos que no aparecen aquí, anécdotas, más fotos y sensaciones mientras caminaba.